lunes, 25 de junio de 2007

De principio a fín

Cuando llegué a la universidad Rocío ya me esperaba. Se encontraba sentada en un banco, con sus largas piernas cruzadas, e inmersa en una voluminosa novela. Cuando notó mi presencia, levantó la vista por encima del libro y pude ver sus grandes ojos marrones tras unas gafas rectangulares del mismo color que sus ojos. Sonrió y sus finos labios formaron una línea delgada, que se abría poco a poco para dejar ver unos pequeños dientes que iban vestidos con un fino trazo metálico que relucía a la luz del sol. Cogió el libro que tenía entre sus manos, algo pálidas por el frío, y lo depositó con gran cuidado al lado suyo; para poder atrapar algunos mechones oscuros que querían escapar detrás de sus orejas a causa del fuerte viento que se había formado durante la mañana. Finalmente consiguió, aunque no con facilidad, aferrar la larga melena rizada con una goma elástica, que se había sacado del bolsillo del pantalón vaquero. Cuando comprobó que su cabello estaba bien sujeto, sus manos pronto volvieron a sus bolsillos en busca de un poco de calor. Al no encontrarlo acarició con sus manos el rostro, pero éste estaba tan helado como ellas. Sus dedos rozaron con dulzura unas mejillas rosadas, una nariz aguileña y por último unas orejas de las cuales colgaban unos pendientes que no eran iguales entre sí, pues el de la derecha era una media luna y el de la izquierda un brillante azul cielo. En esos momentos la media luna se descolgó y cayó con un leve tintineo sobre sus botas negras. Unas botas algo desgastadas por los largos paseos matinales que debe hacer para coger el autobús. Después de colocar con gran habilidad la media luna miró el reloj, faltaba todavía más de un cuarto de hora para que empezase la primera clase. Sin embargo, ella se levantó con rapidez para ir al aula, sin percatarse de coger el libro que yacía olvidado en un lado el banco.


Miriam Cánovas Andreo

jueves, 21 de junio de 2007

Alfonso Gabarrón, Director de Administración y Control de Iberinco
Entre dos faros

Alfonso Gabarrón es un hombre de dos despachos, uno está situado en el céntrico barrio madrileño de la Estrella y otro en Chamartín, anexo a la sede de Iberdrola. En el primero, repleto de maquetas y cuadros de barcos, suele disfrutar sus contadas horas libres mientras que en el segundo, rodeado por simples estanterías verdes atestadas de archivadores y libros sobre finanzas, pasa la mayor parte de la semana. Además éste tiene una apariencia más fría frente a la calidez que se percibe en la estancia en la que en cada detalle se refleja una de sus mayores aficiones. Cuando llegué al despacho de su casa, él ya me esperaba sentado en el amplio y cómodo sillón de cuero. Justo en el momento en que me vio aparecer por la puerta se levantó de un brinco y caminando enérgicamente vino a saludarme. En cuanto llegó a donde yo me encontraba alzó la cabeza y me miró a la cara sonriéndome, sus grandes manos apretaron las mías con fuerza a la vez que me daba dos besos fugaces. Mientras con un gesto me invitaba a sentarme en la silla que había frente a su escritorio, me dediqué a observar que éste estaba repleto de papeles amontonados quizá puestos así en un intento de conseguir un poco de orden en el caos aparente de la mesa; algunas estanterías, de color caoba, se habían transformado en una especie de santuario a la vela: galeones, fragatas, carracas, bergantines... estaban por todas partes; en cambio otras estaban repletas de libros, libros con un único tema en común: la navegación.
Alfonso Gabarrón de 46 años es cartagenero aunque actualmente reside en Madrid. Ocupa el puesto de Director de Administración y Control en la empresa Iberinco, filial de Iberdrola. Se define como una persona “curiosa y cotilla algunas veces” que decidió cursar la carrera de Ingeniería de Telecomunicaciones, pues siempre le habían gustado las matemáticas, la física y la electrónica y se preguntaba constantemente porqué funcionaban la radio y la televisión. Gabarrón se considera “un afortunado” pues empezó a trabajar en Iberdrola antes de terminar la carrera. Comenzó haciendo prácticas de técnico por las tardes ya que por las mañanas tenía que ir a clase y “el deber hay que cumplirlo” y ha terminado participando en el proyecto que en 1995 Iberdrola daba comienzo: la creación de Iberinco, y ocupando el puesto de Director de Administración y Control. Desde entonces, Alfonso Gabarrón , no ha parado de trabajar para conseguir que en su empresa las cosas mejoren y se modernicen. Dice levantarse a las “6 de la mañana”, aunque llega al trabajo justo después de dejar a su hijo en el colegio. Una vez ha llegado a la oficina, ya le espera su grupo de trabajo para comentar con él asuntos relacionados con la eléctrica. Se
Alfonso Gabarrón en el despacho de su empresareúnen dos veces al día, “realizamos una primera reunión a eso de las 12 del mediodía en el despacho del Director General para ver cómo se ha desarrollado la mañana y por la tarde, a las 5, nos reunimos de nuevo para comentar las posibles soluciones a unos problemas, aunque muchas veces hay una tercera reunión, una reunión “sorpresa”, para ver los proyectos que tiene la empresa, las ofertas de la organización, si se gana o se pierde dinero, dónde se va a abrir la próxima… Es el tipo de reunión a las que se les olvida convocarte y luego te reclaman”
Un cartagenero por el mundo
Alfonso Gabarrón se considera “una persona importante en la empresa”, no por a la gran responsabilidad que carga sobre sus espaldas, sino que cree que él es uno de los muchos peones que hacen que la “estructura funcione”. Es por ello por lo que la mayor parte del año la pasa recorriendo los cinco continentes. Ha estado en “México, Letonia, Oriente Medio, Rusia…” y todo ello por viajes de trabajo.
Si tuviera que decirme cuál sería su segundo hogar, Gabarrón afirma sin pensarlo que sería México. Allí cuenta con un grupo de trabajo “de unas 200 personas” pues Iberdrola posee en tierras mexicanas una filial muy importante y la función que desempeña el señor Gabarrón es “supervisarlo, darle apoyo y establecer metas a conseguir como es lograr que las facturas sean automáticas u obtener programas de activo-fijo lo más automatizado posible. Es sobre todo, un grupo de investigación”.
A pesar de que en sus viajes de negocio Gabarrón tiene poco tiempo para disfrutar de la ciudad que visita, ya que siempre suele “trabajar jornadas muy largas, para aprovechar el tiempo al máximo”, afirma que adentrarse en una cultura completamente diferente a la española le ayuda a conocer en profundidad a las personas y a valorar de diferente forma a los demás. Gabarrón asegura con pesar que todavía no tiene un destino fijo para su próximo viaje, no obstante. lo más seguro es que deba de desplazarse a Oriente Medio “Quatar, Emiratos Árabes Unidos” pues se programa construir centrales eléctricas “a lo bestia” en la zona.
Una pasión, el mar
De los 6 hermanos que tiene, él es el más aficionado a la vela. Sentarse en la playa o en el puerto “tranquilamente” a observar el movimiento de las olas a la vez que el aire le acaricia suavemente el rostro es una de sus pasiones.
Gabarrón en su embarcaciónEn Madrid no hay mar y eso le da un aire nostálgico a veces. Aunque el mar corre por sus venas, su devoción por la náutica se afianzó a raíz de que a sus 14 años, un amigo le diese un paseo en un pequeño velero, un snipe. Desde entonces supo que cuando fuese “mayor” se compraría una casa desde donde se pudiese ver el líquido cristalino que se agita cuando está enfadado y enmudece cuando está tranquilo. Esa promesa la cumplió, pues ahora posee una casa en La Manga, en primera línea de playa y un barco, “un Puma 29”, donde pasa todo el tiempo que puede cuando está de vacaciones.
Hoy, Gabarrón recuerda con emoción aquél día en el que Iberdrola decidió patrocinar el Desafío Español, enviando a Valencia a un grupo de personas con las que él “tenía bastante contacto”. Se acuerda que un día se los encontró y vio la ocasión “perfecta” para preguntarles: “¿ya no os acordáis de los amigos? ¿Cuándo me vais a llamar?” y sonriendo afirma que le invitaron a ser el tripulante número 18 de la embarcación en uno de los entrenamientos, “podría decirse que me autoinvité”. Esta es una experiencia que nunca olvidará pues navegar en un fórmula 1 del mar es una sensación “inmemorial” sobre todo para alguien que le apasiona la vela. “El barco esta cargado de tecnología y solamente oír como cruje el casco por las tensiones que se producen es impresionante. El equipo que lo hace navegar está perfectamente unido y cada uno sabe perfectamente cuál es su misión”.
A Alfonso Gabarrón no le faltan fuerzas para llevar el duro ritmo de trabajo que acarrea, aunque no puede reprimir cada mañana el pensamiento que cruza su mente: “un día menos para jubilarme” y eso dice que le da fuerzas. Lo que sí sabemos es que Gabarrón espera con impaciencia a que llegue ese momento para “poder descansar y disfrutar del mar”. Siempre que navega, se sienta en el casco de su pequeña embarcación y otea el horizonte de una forma muy peculiar, como si estuviese recordando algo, es pues un hombre entre dos faros: su obligación, el trabajo y su pasión, el mar.
Rocío González

lunes, 11 de junio de 2007

Yo estudio ¿tú no?

Como estudiantes de primero de periodismo de la UCAM estamos "hartas" de las críticas que se hacen a nuestra universidad. Precisamente el otro día leímos en la prensa que los profesores de la universidad pública de Murcia denunciaban que los alumnos de la universidad privada (nosotras, por ejemplo) adquirían los mejores puestos de trabajo solo con pagar y que su cualificación era menor. Además, la ciudadanía se queja de que a los estudiantes de la UCAM les "regalan" el título por desembolsar unos "cuantos miles de euros". Eso es totalmente falso. Aconsejamos que los que siguen pensando esto se documenten antes de criticar a los demás, porque en esta universidad hay tantos aprobados y suspensos como en las demás, ¿Por qué si no se llena la biblioteca de la universidad en la época de examenes si se "supone" que nos aprueban sólo por pagar?

martes, 5 de junio de 2007

El eneagrama

¿Qué es el eneagrama?
Es un sistema que está siendo muy utilizado en las grandes empresas para crear grupos de trabajo. Este sistema identifica nueve personalidades distintas. Para saber que número tenemos cada individuo se debe realizar un test o varios, de como mínimo 140 preguntas para determinar correctamente nuestra personalidad. Estas nueve personalidades corresponden a nueve números. Cada número está influenciado por tres energías. El ocho, nueve y uno se corresponden a la energía del estómago; el dos, tres y cuatro la del corazón, y cinco, seis y siete a la energía de la cabeza.
Estar influenciado por la energía del estómago quiere decir que esas personas se mueven por impulsos vitales e "instintos" que nos ayudan a perfilar nuestro territorio, como la ira. La sexualidad pertenece a este ámbito.
Si nuestro número contiene la energía del corazón quiere decir que nos gusta relacionarnos con otras personas con las que nos sentimos unidos a los demás.
La última energía, la de la cabeza, pertenece a personas que utilizan el pensamiento para orientarse y sentirse seguro.
Daremos ahora unas pequeñas perfiladas de cada número para determinar si nos sentimos identificados con alguno. Aunque como he dicho anteriormente, es recomendable hacer un test extenso para saberlo con toda certeza.
  • Uno: son personas muy perfeccionistas. Su gran defecto es la ira. Su pensamiento gira entorno a las categorías de "Correcto/falso" o "bueno/malo"
  • Dos: A este número le gusta relacionarse con los demás. Su defecto es el orgullo, y este aparece cuando una persona le dice a número dos que no necesita su ayuda. Necesita que los demás dependan de él.
  • Tres: su cualidad básica es el ser triunfador, emprendedor... Le gusta llamar la atención sobre los demás, ser superior
  • Cuatro: Son personas que se quieren. Aunque normalmente, son muy nostálgicas, se van del presente proque su situaicón no le satisface. Su gran "pecado" es la envidia
  • Cinco: A este número le preocupa concer el mundo. Le gusta acumular información. Prefiere observar desde la distancia. Le suele costar comunicarse de forma personal y por ello aparenta lejanía.
  • Seis: tiene sensación de desconfianza, pero que a veces no son necesariamente conscientes. Son muy sociables y amigos de sus amigos. Su gra defecto es que son muy dudosos e inseguros.
  • Siete: Son personas vitales, alegres, sociables, seductores... No les gusta comprometerse con nada. Se siente eternamente insatisfechos.
  • Ocho: Es una persona que arrastra a mucha gente. Busca el placer a toda costa, no solo me refiero al sexual. Su principio suele ser "todo o nada"
  • Nueve: Son personas que no le gustan los conflictos. Su atención no está dirigida hacia una meta, porque casi todo le parece igual de importante.
En los siguientes artículos que realizare sobre el eneagrama me iré centrando en otros aspectos, y además explicare uno a uno cada número.
Si alguno de los lectores quiere profundizar en este tema puede consultar el libro "El eneagrama de nuestras relaciones" de Maria-Anne Gallen y Hans Neidhardt, donde yo me he basado para hablaros sobre los nueve números del eneagrama.
Miriam C. A.

viernes, 1 de junio de 2007

Una imagen vale más que mil palabras...

Nunca sabremos hacia dónde nos conducen determinados caminos ¿será diferente con este?



Rocío González