Alfonso Gabarrón, Director de Administración y Control de Iberinco
Entre dos faros
Alfonso Gabarrón es un hombre de dos despachos, uno está situado en el céntrico barrio madrileño de la Estrella y otro en Chamartín, anexo a la sede de Iberdrola. En el primero, repleto de maquetas y cuadros de barcos, suele disfrutar sus contadas horas libres mientras que en el segundo, rodeado por simples estanterías verdes atestadas de archivadores y libros sobre finanzas, pasa la mayor parte de la semana. Además éste tiene una apariencia más fría frente a la calidez que se percibe en la estancia en la que en cada detalle se refleja una de sus mayores aficiones. Cuando llegué al despacho de su casa, él ya me esperaba sentado en el amplio y cómodo sillón de cuero. Justo en el momento en que me vio aparecer por la puerta se levantó de un brinco y caminando enérgicamente vino a saludarme. En cuanto llegó a donde yo me encontraba alzó la cabeza y me miró a la cara sonriéndome, sus grandes manos apretaron las mías con fuerza a la vez que me daba dos besos fugaces. Mientras con un gesto me invitaba a sentarme en la silla

que había frente a su escritorio, me dediqué a observar que éste estaba repleto de papeles amontonados quizá puestos así en un intento de conseguir un poco de orden en el caos aparente de la mesa; algunas estanterías, de color caoba, se habían transformado en una especie de santuario a la vela: galeones, fragatas, carracas, bergantines... estaban por todas partes; en cambio otras estaban repletas de libros, libros con un único tema en común: la navegación.
Alfonso Gabarrón de 46 años es cartagenero aunque actualmente reside en Madrid. Ocupa el puesto de Director de Administración y Control en la empresa Iberinco, filial de Iberdrola. Se define como una persona “curiosa y cotilla algunas veces” que decidió cursar la carrera de Ingeniería de Telecomunicaciones, pues siempre le habían gustado las matemáticas, la física y la electrónica y se preguntaba constantemente porqué funcionaban la radio y la televisión. Gabarrón se considera “un afortunado” pues empezó a trabajar en Iberdrola antes de terminar la carrera. Comenzó haciendo prácticas de técnico por las tardes ya que por las mañanas tenía que ir a clase y “el deber hay que cumplirlo” y ha terminado participando en el proyecto que en 1995 Iberdrola daba comienzo: la creación de Iberinco, y ocupando el puesto de Director de Administración y Control. Desde entonces, Alfonso Gabarrón , no ha parado de trabajar para conseguir que en su empresa las cosas mejoren y se modernicen. Dice levantarse a las “6 de la mañana”, aunque llega al trabajo justo después de dejar a su hijo en el colegio. Una vez ha llegado a la oficina, ya le espera su grupo de trabajo para comentar con él asuntos relacionados con la eléctrica. Se
Alfonso Gabarrón en el despacho de su empresareúnen dos veces al día, “realizamos una primera reunión a eso de las 12 del mediodía en el despacho del Director General para ver cómo se ha desarrollado la mañana y por la tarde, a las 5, nos reunimos de nuevo para comentar las posibles soluciones a unos problemas, aunque muchas veces hay una tercera reunión, una reunión “sorpresa”, para ver los proyectos que tiene la empresa, las ofertas de la organización, si se gana o se pierde dinero, dónde se va a abrir la próxima… Es el tipo de reunión a las que se les olvida convocarte y luego te reclaman”
Un cartagenero por el mundoAlfonso Gabarrón se considera “una persona importante en la empresa”, no por a la gran responsabilidad que carga sobre sus espaldas, sino que cree que él es uno de los muchos peones que hacen que la “estructura funcione”. Es por ello por lo que la mayor parte del año la pasa recorriendo los cinco continentes. Ha estado en “México, Letonia, Oriente Medio, Rusia…” y todo ello por viajes de trabajo.
Si tuviera que decirme cuál sería su segundo hogar, Gabarrón afirma sin pensarlo que sería México. Allí cuenta con un grupo de trabajo “de unas 200 personas” pues Iberdrola posee en tierras mexicanas una filial muy importante y la función que desempeña el señor Gabarrón es “supervisarlo, darle apoyo y establecer metas a conseguir como es lograr que las facturas sean automáticas u obtener programas de activo-fijo lo más automatizado posible. Es sobre todo, un grupo de investigación”.
A pesar de que en sus viajes de negocio Gabarrón tiene poco tiempo para disfrutar de la ciudad que visita, ya que siempre suele “trabajar jornadas muy largas, para aprovechar el tiempo al máximo”, afirma que adentrarse en una cultura completamente diferente a la española le ayuda a conocer en profundidad a las personas y a valorar de diferente forma a los demás. Gabarrón asegura con pesar que todavía no tiene un destino fijo para su próximo viaje, no obstante. lo más seguro es que deba de desplazarse a Oriente Medio “Quatar, Emiratos Árabes Unidos” pues se programa construir centrales eléctricas “a lo bestia” en la zona.
Una pasión, el mar
De los 6 hermanos que tiene, él es el más aficionado a la vela. Sentarse en la playa o en el puerto “tranquilamente” a observar el movimiento de las olas a la vez que el aire le acaricia suavemente el rostro es una de sus pasiones.
Gabarrón en su embarcaciónEn Madrid no hay mar y eso le da un aire nostálgico a veces. Aunque el mar corre por sus venas, su devoción por la náutica se afianzó a raíz de que a sus 14 años, un amigo le diese un paseo en un pequeño velero, un snipe. Desde entonces supo que cuando fuese “mayor” se compraría una casa desde donde se pudiese ver el líquido cristalino que se agita cuando está enfadado

y enmudece cuando está tranquilo. Esa promesa la cumplió, pues ahora posee una casa en La Manga, en primera línea de playa y un barco, “un Puma 29”, donde pasa todo el tiempo que puede cuando está de vacaciones.
Hoy, Gabarrón recuerda con emoción aquél día en el que Iberdrola decidió patrocinar el Desafío Español, enviando a Valencia a un grupo de personas con las que él “tenía bastante contacto”. Se acuerda que un día se los encontró y vio la ocasión “perfecta” para preguntarles: “¿ya no os acordáis de los amigos? ¿Cuándo me vais a llamar?” y sonriendo afirma que le invitaron a ser el tripulante número 18 de la embarcación en uno de los entrenamientos, “podría decirse que me autoinvité”. Esta es una experiencia que nunca olvidará pues navegar en un fórmula 1 del mar es una sensación “inmemorial” sobre todo para alguien que le apasiona la vela. “El barco esta cargado de tecnología y solamente oír como cruje el casco por las tensiones que se producen es impresionante. El equipo que lo hace navegar está perfectamente unido y cada uno sabe perfectamente cuál es su misión”.
A Alfonso Gabarrón no le faltan fuerzas para llevar el duro ritmo de trabajo que acarrea, aunque no puede reprimir cada mañana el pensamiento que cruza su mente: “un día menos para jubilarme” y eso dice que le da fuerzas. Lo que sí sabemos es que Gabarrón espera con impaciencia a que llegue ese momento para “poder descansar y disfrutar del mar”. Siempre que navega, se sienta en el casco de su pequeña embarcación y otea el horizonte de una forma muy peculiar, como si estuviese recordando algo, es pues un hombre entre dos faros: su obligación, el trabajo y su pasión, el mar.
Rocío González