domingo, 30 de septiembre de 2007

Carthagineses y Romanos, los últimos actos

Un oso se convierte en la gran atracción del mercado de época

El mercado de época, que cada año se sitúa junto al campamento festero, cerrará esta noche sus puertas después de haber recibido a cientos de visitantes atraídos por los productos artesanales, las actuaciones que ofrece y su gastronomía tradicional.


Los comerciantes reconocen que tuvieron la oportunidad de cerrar sus respectivos puestos anoche, pero decidieron continuar también el último día de fiestas, porque había bastante gente.


Este año, el éxito del mercado de época se debe, sobre todo a que, desde que el jueves se puso en funcionamiento, centenares de curiosos se han acercado día a día para ver a Tima, un oso amaestrado que reconoce hasta doscientas palabras y ha estado haciendo exhibiciones tanto en el campamento como en el mercado medieval.


A parte del animal, bailarines, actores mimos y malabaristas han animado con sus actuaciones la feria medieval.
Rocío González

sábado, 29 de septiembre de 2007

La historia Interminable

Pero...¿Qué pasa? Dices que todo va bien cuando todo es una mera falsa.
Dices que te alegras de verme y cuando te hablo nunca lo demuestras. Dices que me quieres mucho y luego a él lo tratas a patadas... ¡Estoy harta! dices, dices, dices y luego nunca cumples nada.
Pero... ¿Cómo puedo estar harta de tí? Si quizá todo lo que digo es un vago pensamiento que simplemente cruzaba mi cabeza...
Nunca me has visto enfadarme de verdad y quizá nunca me veas más. Para mí es inútil enfadarme con los amigos ¿qué arreglaría un simple berrinche?. Tampoco soy de las que cambian muy rápido de pensamiento: "Hoy digo que esto es blanco y mañana negro" y mucho menos entiendo a los que son así ¿Por qué? ¿Por qué?- me preguntaré toda la vida
Yo ya he jugado mi papel y no he obtenido respuesta en muchas ocasiones, pero a pesar de todo siempre he vuelto a ser la misma que era antes. Ahora te toca a tí. Yo me retiro de este absurdo juego, no es que esté harta, lo que estoy es cansada de dar siempre y no recibir nada a cambio. Y no se es egoísta por eso, porque si sigo ofreciéndote cosas de mí nunca me respetarás...
Durante meses lo que más me importaba recibir era tu felicidad, pero ahora... ¿qué importa eso? estoy muy cansada de los egoístas ¿sabes? y ahora la que se retira soy yo, soy yo. Nunca me necesitaste, así que arréglatelas como puedas sin mi. ¿Qué más da si no notarás la diferencia de que no estoy ahí?
Por si te interesa saberlo: Me has roto el corazón... Nunca me he sentido más sola... Esto parece una historia sin fin...


Rocío González

viernes, 14 de septiembre de 2007

Totana cubierta por el granizo


La tarde del 14 de septiembre se volvió blanca cerca las 3:30. El cielo se estremecía dejando caer una fuerte lluvia acompañada de granizo. Las bolas de hielo eran aún más grandes que una aceituna. Los coches eran conducidos a gran velocidad para llegar a las cocheras y poder así resguardarse del fuerte temporal, otros no tuvieron tanta suerte y quedaron encharcados y con el coche abollado por el pedrisco. Unos 15 minutos duró el granizo, para muchos toda una eternidad, puesto que tuvieron que estar con cubos sacando el agua que se iba adentrando a sus casas. Todavía es pronto para cuantiar los desperfectos, pero el campo con su hortaliza, sus parrales de uva... parece hasta el momento el peor afectado seguido de los automóviles que han sido abollados por el granizo o inundados por el agua y por último las casas. Cuando el tiempo despejó el suelo se podía ver cubierto por un manto blanco, las tapaderas de las alcantarillas levantadas, los árboles con las hojas caídas y la rambla que separa el barrio de Triana y de Sevilla con un palmo de agua, y como no, a miles de curiosos inmortalizando con sus cámaras tan insólito paisaje.


Miriam Cánovas Andreo

martes, 11 de septiembre de 2007

Amantea, David F. Cantero

Y sigo buscándote sin reconocer que te busco, aunque ya no existas, como buscaba viajar a la luna en la más infantil de mis fantasías. Quiero escuchar tu voz al otro lado, pero no tengo teléfono, ni palabras con que responder si lo tuviera. Cualquier párrafo de este libro hubiera sido excelente para dar comienzo a esta reseña. Amantea es la primera obra de David F. Cantero, un periodista, pintor y escritor. Actualmente es uno de los presentadores de TVE. Cantero plasma con delicados adjetivos los sentimientos más ocultos del amor más puro y verdadero. Amantea es una obra de amor en la que su protagonista Víctor, pierde al amor de su vida. El libro gira entorno a los sentimientos de este hombre que se encuentra hundido en la desesperación por saber donde está su esposa, si está viva o está muerta; como de la noche a la mañana pasa de ser un hombre feliz y enamorado a un hombre triste y desesperado. Poco a poco va desentrañando cual fue su pasado y el inesperado futuro que le espera. Cada palabra, cada frase están tan meticulosamente empleados que producen música a quien lo lee: Quedan las orillas húmedas, los charcos como espejos sucios, empañados, que reflejan las calles que recorrimos juntos, que amamos juntos. Tiene tan belleza léxica que nada tiene que envidiar a la mejor de las poesías. Este libro no solo habla del amor entre un hombre y una mujer, sino también del amor de la amistad entre dos hombres, un amor casi paternal: Cuando Diego regresó, yo estaba medio dormido en su incomodísimo sofá. Entró sigilosamente y me arropó (…) Me miraba sonriendo con afección, casi con ternura (…). Amantea es el mejor ejemplo de que hasta los sentimientos más difíciles de explicar pueden ser plasmados sobre una hoja de papel, una hoja que sin duda se ha convertido en un gran libro.

Miriam Cánovas Andreo

París era una fiesta, del escritor Ernest Hemingway


Ernest Hemingway describe en su libro: París era una fiesta la belleza de esta ciudad en la que vivió durante su juventud, con tan solo 25 años. Relata con verdadera emoción los famosos cafés donde habitualmente trabajaba y sus grandes amigos que vivían en París. La preocupación por la escritura aparece latente durante toda la obra y por consiguiente, el deseo de ser un buen escritor. Con sus largas frases y la repetición de la misma palabra al menos dos veces, crea una la lectura que se convierte en música para quien lo lee. En París era una fiesta, no solo se narran los cafés y sus amigos, sino también se hablan de deportes como el boxeo o el esquí, que tanto le gustaba, aunque también escribe sobre el gran amor que le tiene a su primera mujer, Hadley. El alcohol y el amor a la buena comida nos acompañan durante toda la obra envolviéndonos en un ambiente de pobreza. La pobreza era una de las cosas que menos le importaba a Hemingway, puesto que “a la persona que trabaja y que encuentra satisfacción en su trabajo, la pobreza no le preocupa”. Una de las aficiones de las que más escribe son las carreras de caballos. Hemingway narra con total detalle esos momentos que van desde que compra el periódico para ver los caballos que compiten, pasando por el momento en el que el caballo cruza la línea de meta, hasta como termina el día con una buena cena pagando con el dinero que ha dado una grandiosa apuesta.
En definitiva, Paris era fiesta es un libro que recoge los momentos felices de un joven escritor que trabajaba en los cafés y leía a grandes escritores con la intención de aprender de ellos. Cada palabra con la que describe la ciudad de París, se convierte en una imagen a los ojos del lector.
Miriam Cánovas Andreo

domingo, 9 de septiembre de 2007

De la imaginación a la realidad



Una luz inundo mi habitación, seguido de un estruendo producido por un rayo, que terminó por despertarme. Me incorporé en la silla en la que estaba recostada y miré donde hacía unos segundos había estado apoyada mi cabeza. Sólo había una frase que decía “narración libre”. Me levanté cansada y miré el reloj, daban las cinco de la mañana. Sólo faltaban tres horas para entregar mi trabajo. Empecé a dar vueltas de un lado para otro en mi pequeña habitación, hasta que, desesperada, fui a la cocina. Mientras bebía un vaso de leche caliente, ojeaba un periódico. Pasaba las páginas sin detenerme en nada, cuando vi una foto en las que personas de diferentes edades limpiaban los restos de fuel que había dejado el barco Prestige en las costas gallegas. En seguida noté un fuerte impulso que me desgarraba el corazón. Fui corriendo a mi habitación y me puse a escribir. En menos de dos horas había creado una historia, a la vez real y a la vez imaginaria. El resultado fue excelente. Un diez escrito bien grande en la parte derecha del folio, compensó todo el cansancio que había acumulado. Nunca había sacado tan excelente nota en lengua, aunque eso cambió a partir de ese momento.

Mi profesora, satisfecha por mi trabajo, me propuso presentarme al concurso que hacía mi instituto por el día del libro. No dude ni un momento.
Tenía una semana para crear una historia que ocupara no más de tres páginas. Día y noche, me dedique a fondo a mi narración. Busqué información en revistas, atlas, libros de texto… no paré hasta que por fin quedé satisfecha. Eso no fue fácil, porque soy muy exigente conmigo misma, y hasta el último día estuve añadiendo y suprimiendo frases. Nunca me había entregado tanto a algo así. Me pasé los siete días escribiendo sin parar. A todos lados me llevaba mi pequeña libreta y el lápiz con el que escribí la anterior narración. Era como mi amuleto de la suerte.
Había que poner un seudónimo al trabajo, y no creo que pueda olvidar el nombre con el que me identifiqué: Estrella de fuego. Es un nombre poco original, pero con 14 años no se puede esperar otra cosa.

No recuerdo haber estado más nerviosa que el día en que daban los premios del concurso literario. Me movía inquieta en la silla sin saber que hacer. Mi corazón latía con fuerza, mis manos sudorosas se enfriaban, mi boca se secaba por contener la respiración… Era el momento. Un profesor iba a decir el nombre del ganador. Entonces fue como si el mundo se hubiese parado. Todo iba muy despacio, como a cámara lenta…Pero al escuchar decir mí nombre desperté de repente. Todos los presentes aplaudían sin parar. Mi mano temblorosa cogió débilmente el cheque de 30 euros que me permitía cambiarlo por material escolar.

Después de ese premio no volví a escribir. Tenía miedo de que lo que escribiese no fuera tan bueno como lo anterior y el miedo al fracaso me envolvía. Pasaron tres años, hasta que decidí volver a presentarme a otro concurso literario de las mismas similitudes que el anterior. La narración era libre. Esta vez me costo menos tiempo redactar. Seguí utilizando la mezcla actualidad y ficción para darle un punto provocativo a mi historia. Nunca me había quedado tan satisfecha cuando termine la narración. Pero tampoco nunca había sentido tener tan pocas posibilidades de ganar. Parece un poco contradictorio, pero la verdad, así lo sentía. Me había esforzado tanto en que pareciera real, que hasta diseñé un tipo específico de personalidad para cada personaje; todo basado en la actualidad.
Como la vez anterior me sentía nerviosa. Mientras el profesor daba comienzo al acto, se me empezaron a pasar por la cabeza todo tipo de dudas como: debería haberla leído otra vez, tendría que haber cambiado el final… Pero lo hecho, hecho estaba. No podía dar marcha atrás. Estaba decepcionada, podía haberlo hecho aún mejor de lo que estaba. No aguantaba más estar ahí, así que cogí mi bolso de la silla para irme cuando el profesor me nombró. Estaba un poco aturdida. Subí al escenario sin saber muy bien en que puesto había quedado. Los ojos me brillaban de la emoción. Había quedado otra vez en el primer puesto. No podía creerlo.

Mi historia fue un éxito. Varios profesores me la pidieron para leerla; hasta uno de ellos me dijo que si estaba basada en hechos reales, y creo que ese comentario fue el que me hizo pensar cual sería la carrera que debería estudiar. No quería que mis historias parecieran reales, quería que fueran reales, y por eso elegí periodismo.


Miriam Cánovas Andreo

Todo cambia delante de las cámaras

Todo está iluminado. Los focos me deslumbran. Cinco cámaras de diferentes tamaños están dispuestas en dirección hacia mí. Solo el débil susurro del aire acondicionado rompe el incómodo silencio. Al lado mío hay una persona. Es un hombre de unos cincuenta años de edad. Lleva grandes monturas de color oro. Me mira y me dedica una amplia sonrisa con la intención de tranquilizarme. No puedo, ya ha empezado. La luz roja del monitor que tengo enfrente se ha encendido. No hay marcha atrás. Tengo que comenzar la entrevista.


Ayer fue mi primera entrevista delante de cámara. Por suerte, no se emitió. El entrevistado, un sacerdote de mi pueblo (Totana), no quería que saliera. Sin embargo, el director, ante la negativa del hombre, me pidió que la transcribiera, así que esta semana saldrá en el periódico de La Gaceta de Totana. Esta semana volveré a tener otra entrevista y esta sí que se emitirá. Espero no ponerme tan nerviosa. No consideraba que el trabajo de entrevistar delante de cámara fuera tan complicado, pero una vez que lo pruebas cambias de opinión. Es un mundo fascinante el de la televisión, pero ha la vez complicado. Tienes que tener un buen guión de preguntas, tener una buena voz, ser natural y llamar al entrevistado por “usted”. Se me escapó más de un “tú” durante los 20 minutos que duró. Tenía un buen guión, pero me faltaba lo demás. No me voy a rendir. Me voy a esforzar al máximo para poder dar todo lo que soy en la siguiente entrevista.
¡Desearme suerte!

Miriam Cánovas Andreo

¿Qué es la vida?

La vida es como si fuera una carrera de obstáculos. Corres y corres hasta llegar a la “meta”. Cuanto más cerca ves la “meta”, más obstáculos se cruzaran en tu camino, uno detrás de otro y cada uno, peor que el anterior. La vida está llena de obstáculos que debemos ir saltando hasta llegar a nuestra meta. El camino no será nada fácil, ¡pero así es la vida! Habrá momentos en los que preferirás no seguir viviendo, otros en los que te sentirás más vivo que nunca. La vida es una prueba constante de superación de sí mismo. Cada obstáculo que encontramos en nuestro camino sirve para enseñarnos una lección de supervivencia. Los obstáculos no están dispuestos al azar. Es habitual escuchar a la gente decir que “hay que coger el camino fácil”. No saben que se equivocan. No existe tal camino en el que todo es relativamente más “fácil”. Escojas el camino que escojas, encontraras sus diversos obstáculos y que con paciencia, los amigos, la pareja… podrás ir superando. Hay personas que les cuesta mucho esfuerzo saltar los obstáculos que la vida le manda, pero finalmente lo consiguen. Por desgracia, una minoría no consigue saltar esos obstáculos y caen en la temida depresión que los va hundiendo poco a poco en su tormento y desesperación, hasta llegar a un momento en el que se convierten en “un muerto viviente”. Es difícil superar esos malos momentos. Pero hay que pensar que después de momentos malos, vendrán momentos buenos. No todo es negro en la vida. Hay que ser positivo y ver los problemas como algo normal, ya que si son problemas, es porque tienen solución.

Deseo a todo el mundo que encuentre el camino correcto y que no se hunda cuando encuentre un obstáculo, porque poco a poco lo irá superando. ¡Mucha suerte!

Miriam Cánovas Andreo

Toda una vida detrás del mostrador

ISABEL SÁNCHEZ CÁNOVAS ESTANQUERA DE TOTANA

Miriam Cánovas Andreo
El estanco nº 2 de Totana no es un estanco cualquiera y no solo porque apenas supera los 5m2, ni tampoco porque en su interior no hay espacio para más de seis personas, sino porque es un estanco repleto de historia, de vivencias, de sucesos, de creencias… y de otros factores más que su propietaria Isabel Sánchez Cánovas cuenta con indiscutible cariño. Una mujer que a sus 73 años desprende vitalidad por donde pasa. Una mujer a la que la palabra “jubilación”no tiene todavía un lugar en su diccionario, porque aunque ya no despacha tanto como antes y deja más esa tarea a su hija y a su nuera, todavía sigue yendo mañana y tarde a la que considera su segunda casa.

Suenan las campanas del Convento. Ya son las nueve e Isabel se apura en abrir las tres cerraduras que posee la puerta de su estanco, síntoma de atracos anteriores. Levanta con suavidad la fina madera del mostrador para pasar con una agilidad admirable por un pequeño hueco que no supera el metro de altura. No ha hecho más que llegar cuando acude el primer cliente. No hace falta que le diga que tabaco quiere porque Isabel ya tiene un paquete de Nobel en la mano. Sus veinte años que lleva trabajando como dependienta le han hecho conocer los gustos y preferencias de sus clientes. Cuando sale por la puerta, Isabel coge el primer billete de la mañana con la mano izquierda y con la derecha se santigua porque según me explica, su madre siempre le ha dicho “que trae buena suerte”. Ese mismo día quede con ella por la tarde en su casa para intentar conocer mejor a esta estanquera de apariencia normal, pero con una vida nada habitual.

Una herencia
Isabel Cánovas Sánchez (Totana, 26 de mayo, 1934) se casó a los 25 años y a los 53 se quedó viuda con cuatro hijos. Pasó de ser una mujer casada y ama de casa, a una mujer viuda y empresaria. Cuando su marido muere su madre le deja el estanco para que ella siguiera el negocio, aunque ya con anterioridad ayudaba a su madre a despachar: “Me hizo ilusión poder trabajar en el estanco porque deseaba ganarme algo de dinero, porque por aquellos tiempos yo no tenía mucho”. Comienza a tratar por primera vez con representantes, con propietarios de bares… y con lo que es más importante, con clientes. Una de las cosas que más le costo adaptarse fue “al humo que desprendían los cigarrillos”. Cuando un consumidor entra fumando a su estanco ella nunca les dice nada, ya que: “soy yo quien vendo el tabaco”. Isabel no es fumadora, así que cuando le preguntan que tabaco es el mejor no puede aconsejar por su propia experiencia, ella únicamente señala “que cada persona tiene un gusto diferente acerca del tabaco” y así sale un poco del aprieto. Cuando un cliente le pregunta por qué vende tabaco no fumando ella siempre dice que: “el tabaco yo solo lo quiero para venderlo y no para fumármelo”

Trabajar en 5m2
“Trabajar en un espacio tan pequeño no es una tarea fácil – dice Isabel – sobre todo cuando llega la saca”. (La saca es cuando viene al estanco el pedido de tabaco). Las cajas de cigarrillos llegan en cajones enormes de cartón que son muy difíciles de introducir en el pequeño y estrecho estanco. Los consumidores cuando llegan “se quejan de que el estanco es pequeño y de que no hay mucho sitio. – replica Isabel – Hay personas que cuando entran suelen decir que esta es la casa de Gila, que tiene que salir uno para que entre otro”. Con un brillo de rabia en los ojos confiesa que no le gusta que digan que el estanco es pequeño: “se que el estanco es pequeño, pero yo soy quien lo sufre y todavía no me he acostumbrado a este tipo de comentarios”. El tamaño del establecimiento no repercute a la hora de despachar a los clientes y por consiguiente, las temidas colas. Se podría decir que este estanco es ergonómico: “No se suelen formar largas colas porque tenemos el tabaco bien organizado y atendemos con gran rapidez a nuestros consumidores” afirma Isabel. Uno de los mayores problemas que tiene este estanco es que no tiene baño y cuando aparece la llamada de la naturaleza tiene, si está sola, que cerrar el estanco para ir a su casa. Aunque ya tiene cumplidos 73 años no ve todavía el tiempo para la jubilación: “Voy al estanco todos los días porque me gusta mi trabajo y porque así me distraigo con la gente que viene a comprar”

La primera vez
Con manos algo temblorosas y jugando con el cordón de la grabadora, Isabel explica que ha tenido varios atracos en sus veinte años que lleva trabajando en el estanco. Cuenta que la primera vez “ocurrió cuando estaba sola y ya casi cerrando la puerta”, y fue entonces cuando un hombre de tez morena le sacó un cuchillo y le dijo que “no gritara y que le diera todo el dinero de la caja”. La llevó al interior del estanco y la situó junto al mostrador, sintiendo Isabel en su espalda el filo de la hoja metalizada: “Inconscientemente me puse a chillar como posesa pidiendo auxilio y cuando fui a darme cuenta ya se había ido. Todo quedó en un susto” confiesa Isabel con la mirada puesta en el techo.


Marketing “avanzado”
Niño que entra en el estanco de Isabel, niño que repite. Esta estanquera pronto se hizo con el meollo del negocio. Aprendió que dándoles caramelos a los niños que entraban con sus padres todos salían de allí contentos, y “cuando el niño pasa otra vez por el estanco siempre quiere volver a entrar para tener otro caramelo y así sus padres ya que están allí siempre compran algo”. Este truco lo aprendió, según confiesa, en la Revista de Tabacalera. Entre risas explica que “hay un niño pequeño que acude todos los días al estanco con su abuelo porque le viene de paso para ir a la guardería”. Su abuelo “como no quiere abusar de confianza” le compra una bolsa de caramelos de los que Isabel le da a su nieto, pero cuando se los da el abuelo al niño no los quiere. Me revela que: “el pobre hombre me da el caramelo a escondidas para que su nieto no se de cuenta y cuando yo se lo doy yo se va tan contento.” Confiesa que le han surgido algunos momentos incómodos con los niños: “Hay veces que un niño al que vas a dar un caramelo de nata te pide que le des otro y eso no lo puedes hacer porque los de nata son los más baratos. Los caramelos dependen mucho de la compra que haga la madre, puesto que si la madre se lleva gran cantidad de tabaco, de chicles… pues puede que el niño tenga una piruleta o un chupa chup”. Como se puede comprobar Isabel es toda una empresaria, pero no solo tiene esos trucos. Isabel me explica que “siempre hay que despachar rápido al cliente, que no hay que masticar chicle (…)”
Un sueño
“Desde que era muy pequeña yo quería ser modista”, admite Isabel, “pero mis padres no tenían suficiente dinero para contratar a una mujer para que me enseñara”. Con un suspiro y la mirada puesta en un cuadro donde aparece ella de joven dice orgullosa que aprendió sola a hacerse la ropa: “Por la noche me acostaba soñando el diseño de un vestido y por la mañana me levantaba temprano para confeccionarlo”. Cuando comenzó a trabajar en el estanco, afirma que tuvo que dejar un poco de lado la maquina de coser, para hacer frente a la maquina registradora, “aunque siempre había tiempo para todo”. Menciona que “muchas veces llevaba los patrones al estanco y cortaba encima del mostrador la tela para hacer una falda, unos pantalones (…)”

Yo ¿coqueta?
Toda la ropa que tiene esta estanquera está hecha por ella misma: “No me gusta la ropa que venden en las tiendas. Si me compro algo lo reformo en mi casa”. De repente, se pone muy nerviosa. Acabo de preguntarle si puedo fotografiarla: “¿Otra vez? ¡Si ya me has echado fotos esta mañana!”Me contesta con el miedo reflejado en su rostro. Finalmente accede a mis peticiones, pero solo con una condición: “Espera cinco minutos que me cambie de ropa y me peine”. Pasados los cinco minutos la veo otra vez aparecer ante mí. Había cambiado la camisa negra de esta mañana por otra blanca con lunares rojos. El collar tampoco era el mismo, pues había sustituido el de color violeta por un rojo chillón. Solo había mantenido la falda azul oscura. Me mira sonriente, con una mirada como si fuera la de una joven modelo que está punto de posar para los fotógrafos. Después de echarle numerosas fotos y de repetirlas otras tantas porque no se veía “guapa”, continuamos con la entrevista. Me confiesa que “no podría salir de casa sin llevar puestos unos pendientes, un collar o alguna pulsera”. Sentada frente a mí, se acaricia sus blancas piernas con la mano derecha untada en una crema hidratante con ingredientes de aloe vera mientras me explica, que no le gusta ir a la peluquería: “A mí me gusta peinarme yo en mi casa porque no soporto el secador”.

Cupido también fuma
Estar todos los días de cara al público tiene sus ventajas y es que se conoce a muchas personas, y el roce del día a día con los mismos clientes hace el cariño. Isabel afirma que ha tenido, y tiene, muchos pretendientes, pero a todos les ha dicho lo mismo según me explica: “Les decía que yo era una mujer de un solo hombre y antes de que mi marido falleciera le prometí que ningún hombre me volvería a tocar que no fuera él, y lo he cumplido hasta hora”. Pensativa, cuenta que tenía un cliente que le decía todos los días que estaba deseando que se muriera su mujer para casarse con ella. Después de casi un minuto sin poder mencionar palabra por culpa de su risa contagiosa, tan contagiosa que comencé yo también a reírme sin saber el porque, hasta que atinó a decirme “que finalmente se murió el hombre antes que su esposa”.

Misericordia
Ya más tranquila y serena me cuenta que es incapaz de “no darle nada a las personas que se presentan pidiendo al estanco. Dice que su conciencia no se lo permite. Confiesa que lo que más rabia le da es cuando “vienen personas al estanco diciendo que en Totana no hay caridad”. Me asegura mirándome a los ojos que “todo aquel que va al estanco pidiendo siempre se le da una limosna”. Isabel tiene un corazón enorme que no le cabe en el pecho. Todo aquel que va en nombre de alguna asociación, de alguna ONG… ella siempre colabora: “Me gusta ayudar a los demás, por eso me considero una persona muy cristiana"

San Martín de Porres
Isabel se considera una persona “buena”, pero también una persona creyente. Uno de los santos al que tiene más devoción es a San Martín de Porres. Dice que cuando pide un paquete de diez el primer santo siempre se lo regala a la primera persona que entra al establecimiento queriendo comprar uno. Asegura que “tanto el regalado como el que regala tienen suerte”. Es la única persona que vende este santo en Totana y “las personas que los compran lo suelen hacer para colocarlos en los coches”.

En solo tres palabras
Duda cuando le pregunto que como se definiría en tres palabras, y no sabe exactamente que responderme. Su rostro va perdiendo el blanco puro que lo caracteriza para ir tornándose poco a poco con un rojo pálido. Terminada ya la entrevista y con una pregunta sin contestar me dirijo hacía la salida diciéndole gracias por ese tiempo que me había concedido. Ya montada en el coche la veo aparecer con paso ligero en dirección hacía mí. Bajo la ventanilla y me dice: “ya sé como me definiría”, ¿Cómo? Le pregunto, “Como Isabel Sánchez Cánovas”.

HANNIBAL EL ORIGEN DEL MAL


Si tuviera que escoger una palabra que definiera este libro, elegiría la de “fascinante”. Es un libro en el que el autor Thomas Harris plasma con las palabras exactas, ni una más, ni una menos, la historia de este personaje tan famoso como es Hannival que ha sido llevado hasta la gran pantalla. Se remonta hasta los orígenes más ocultos de la época de los nazis para descifrar al lector como se ha creado una mente tan psicópata, pero a la vez asombrosamente inteligente y calculadora. En sesenta capítulos y no más de tres páginas cada uno, relata la historia de un verdadero asesino en serie. El suspense y la intriga quedan latentes durante toda la obra. Con un lenguaje ágil y sencillo hace que el lector se meta literalmente en el drama: “Se oyó un crujido seco y la salpicadura de una arteria latiente. La cabeza de Dortlich siguió atada a la soga en su recorrido de unos seis metros y quedó mirando al cielo”
En este libro se puede ver a un pequeño e inocente Hannival, un niño que irá progresivamente cambiando. El dolor, la frustración de no haber podido salvar a su hermana de esos carnívoros que se la comieron cuando aún estaba viva, harán que se convierta en un monstruo: “El chico no reacciona con nada – dijo el experto -. Es un huérfano aturdido por la guerra, tiene un grado monstruoso de autocontrol”
Este libro poco tiene que ver con la película que hace unos meses se encontraba en los cines, ya que rompe la línea del tiempo, se eliminan muchos personajes que en mi opinión son fundamentales para entender la obra, y el argumento es tan reducido y resumido que carece de interés.
Si queréis un buen libro para este verano yo os animo a que leáis Hannival el origen del mal. No os decepcionará.

Miriam Cánovas Andreo